La caña de azúcar

Por Kímberli Santiago Below

Muchos años antes de Jesucristo, el azúcar era considerado algo muy valioso. Terminada la conquista de Gran Canaria en 1478, el gobernador Pedro de Vera envía un grupo de personas a Madeira en busca de árboles frutales y plantones de caña dulce. Ya repartidas las tierras y aguas, se propuso el cultivo de la caña dulce.

Las plantaciones se hacían con los tallos de la misma planta que tras ser plantados producían nuevos brotes. El instrumento que utilizaban para la recogida de dicha planta eran cuchillos para cortar y hocinos para desbrugar aparte de la azada y el arado. Los grandes terratenientes que eran los más poderosos eran a su vez dueños del ingenio de azúcar.

Un ingenio de azúcar es un conjunto de instalaciones, un molino, la prensa que prensaba el jugo. Después lo metían en calderas para hacer el cocido y por último lo ponían en un secadero. A principios del siglo XIX Germán García del Castillo fue poseedor de un enorme ingenio en Las Longueras.

El Archipiélago canario fue conocido por las Islas del azúcar. El azúcar americano compitió con el canario obligando al canario a tener un azúcar con más calidad. Entre 1530 y 1560 Canarias exporta cada vez menos azúcar a Europa.  A finales del siglo XVI el comercio azucarero decaía debido a la competencia de otros productores, por esta razón, era necesario buscar otro cultivo que sustituyera al azúcar y que diera los mismos beneficios que el anterior. De esta manera llegó la viña.

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